Ya no puedo más. Mis pasos son más pesados. Y es estúpido como el simple robo de una cajita de alhajas puede causarme esta depresión tan profunda. Es ilógico, pensarán todos. Pero ¿saben? Era mi cajita, ¡mía! Y todo por que creí que la confianza se puede dar como en una cadena de favores: él es un empleado de mucha confianza para su jefa; su jefa es de fiar para la persona la persona en quien yo confío. Yo apelaría por él, el por ella y ella por su maldito empleado. ¿que de malo puede haber? Que traicionen la confianza, llevándose no sólo valores materiales, si no un pedazo de mi vida, de recuerdos, de ilusiones. Y lo peor es que en estando segura de que ese bastardo te ha robado, la persona en quien confías te diga que tu podrías ser la responsable. Si, cargo con mi pedazo de responsabilidad, pero no es justo que me hagas ver como estúpida y no me apoyes cuando más te necesito. No así. No se puede. En estos momentos no puedo confiar en nadie. Ni siquiera en mi misma porque la idea del suicidio se ha incrementado. Es la opción más viable, más cercana, más real. Ya no tendría que sufrir por estupideces como esta. ¡carajo, es solo una caja! Y sin embargo me ha afectado más de lo que pueda soportar. Ya estoy harta. Cada día pienso cual seria la mejor opción. Sobredosis, asfixia, una caída desde un lugar muy alto... ya no se... estoy harta de todo. Estoy harta de todos. Estoy harta de mi.
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